Los mercados de Lima
Caserito ¿Y mi yapa?
Cada vez que voy de compras a un supermercado, lo que aprecio es poder ver el contenido del producto, su fecha de caducidad y si al pasar por la caja, me cobran lo que efectivamente adquirí. Puede sonar obsesivo; pero es una manía personal. Sin embargo, cuando me toca visitar un mercado de barrio o municipal, algo que siempre me ha fascinado– sobre todo desde niña- es la “yapa”, ese pequeño regalo que suelen dar los denominados “caseritos” ya sea el de las verduras, frutas o carnes, para satisfacer al comprador de turno y lograr la fidelización que, se aplica de forma empírica, pero efectiva; a diferencia de los grandes establecimientos comerciales.
En nuestro mercadito, la estructura es casi uniforme: los verduleros, los que venden abarrotes, los que venden carne – sea de pescado, res, porcino o cuy -, los que venden ropa en menor escala y las pasamanerías. Pero también están los animadores, aquellos que te indican la oferta del día o si compras determinado monto, podrás acceder a la rifa que no será el auto del año; pero tal vez un premio inmediato que alegre las compras del día. Incluso algunos veneran a un santo y las romerías no suelen faltar. El mercadito, sin duda alguna, evoca una relación familiar con nuestro vendedor de turno, de saber tus gustos, de apuntarte tus clásicos “fiados” y porque no recibir menos de lo que te ofreció como cuenta final.
Pero a pesar de esa lealtad de la que gozan los mercados de barrio, los vendedores no han sabido organizarse. En la mayoría de casos, debido a intereses particulares algunos han perdido sus puestos de trabajo, tal como sucedió en el caso del mercado de Barranco – hoy un supermercado Metro más-. Asimismo, varios mercados desde que fueron creados no han sido refaccionados, algunos se caen a pedazos como sucede con “El Baratillo” en el Rímac. Y es que a nuestro caserito le falta asesoría técnica para captar grandes clientes, por ejemplo, abastecer a restaurantes, empresas o mercados de provincias. Tampoco hay que olvidar la informalidad empresarial y laboral en la que muchos “caseritos” trabajan día a día, y sin que ninguna autoridad municipal o del Ejecutivo atienda este sector; sobre todo si se tiene en cuenta que de las pequeñas y medianas empresas que existen en Lima, el 30% son de comercio. Y de este 30%, el 70% son mercados y, se calcula que allí trabajan más o menos 600,000 personas.
Faltó continuidad
En el 2005, el entonces presidente Alejandro Toledo, anunció la implementación del programa ‘Mi Mercado’, mediante el cual se iba a brindar créditos con bajas tasas de interés a los comerciantes, con el fin de modernizar los centros de abastos del país.
El programa tenía previsto que los comerciantes sean propietarios de sus puestos, además de equiparse con servicios básicos y brindar facilidades diversas a los consumidores.


Jueves, 6 Marzo 2008, 1:56 am
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