El parque Castilla, una maravilla verde en Lince
Desde hace ocho años transito casi a diario por el parque Ramón Castilla, la razón es simple, trabajo a pocas cuadras del parque y mi casa también está situada cerca de él, de hecho para ir caminando de mi casa al trabajo debo cruzar la Av. César Vallejo -que divide en dos el parque- y caminar durante cinco minutos bajo la sombra de los muchos árboles que crecen en las casi 12 hectareas de este refrescante espacio verde de Lima.
La controversia
Hace unos años, durante la gestión del alcalde César Gonzáles, se levantó una gran polémica sobre un proyecto que sería un cambio drástico en la fisonomía del parque, se anunció la construcción de un complejo recreacional de grandes dimensiones que en caso extremo significaría la caida de varios árboles. Apenas se supo del proyecto, las voces en contra de vecinos y ambientalistas se alzaron hasta el cielo, los vecinos se organizaron e hicieron presión para que por lo menos se planificara las obras de acuerdo a un estudio de impacto ambiental, cosa que se dio, pero el alcalde contra viento y marea siguió adelante con el proyecto hasta culminarlo e inaugurarlo el 21 de julio de 2006.
Tengo la impresión que la jugada no fue del todo satisfactoria para Gonzáles, pues no pudo construir los proyectados espacios de negocio y diversión que harían del parque una especie de Larcomar linceño. Cualquier visitante actual puede observar el resultado de la obra: una laguna artificial de 2,000 metros cuadrados, un restaurante de dos pisos, módulos de seguridad y baños, anfiteatros, plazuelas con bancas y juegos mecánicos para niños. Algunas de estas obras fueran dadas en concesión para su explotación comercial.
Como dije antes vengo transitando el parque desde antes que se desatara la controversia, por ello puedo opinar viendo la foto del antes y el después. Creo que gracias a la presión vecinal no se depredó ni se excedió en el cemento, es más, viéndolo por el lado positivo, lo que básicamente cambió fue el extenso terral que albergaba los juegos mecánicos y que no constituía un patrimonio natural por ningún costado (Ver imagen de Google Earth). También puedo decir que antes este era un terreno de nadie, muy descuidado y con escasas medidas de seguridad, cosa que ahora ha cambiado. Por el lado negativo hay que deplorar el gusto huachafísimo de los arquitectos que nos legaron una amalgama de diseños y monumentos reñidos con la estética (punto alto de su arte: los pingüinos de la lagunilla). Pero haciendo cuentas el saldo es positivo, la gente usa el parque con más asiduidad que antes, y las propiedades aledañas han incrementado su valor. Claro que a largo plazo habrá que ver el impacto de las construcciones en la fauna del parque.
Un poco de historia y el parque hoy »


Domingo, 10 Febrero 2008, 7:46 am
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